La luz del alumbrado público se filtraba por los ventanales del Hotel Majestic, proyectando sombras alargadas sobre el mármol pulido del vestíbulo. Sebastián permanecía inmóvil frente a la puerta de la sala de conferencias, con la mirada perdida en el reloj de bolsillo que sostenía entre sus dedos. Recorrió con delicadeza el grabado en la parte posterior: "Por siempre tuya. —D".
El metal frío contrastaba con el calor que emanaba de sus palmas sudorosas. Cada letra del grabado parecía burlarse