El silencio en el salón se volvió denso, casi palpable. Cassandra sentía el pulso de Sebastián a través de sus dedos, que seguían apretando su muñeca con firmeza. La mirada que le dirigía era indescifrable, una mezcla de furia contenida y algo más profundo que no lograba identificar.
—Sebastián, suéltala —repitió Ivan con voz más firme, sin soltar su agarre sobre el brazo de Blackwood.
Cassandra observó cómo la mandíbula de Sebastián se tensaba. Con un movimiento brusco, soltó su muñeca y sac