El aire en la entrada de la casa se volvió denso, cargado con las palabras venenosas de Zaelith. Su voz, dulce pero cortante, había tejido una red de dudas y furia en la mente de Vaelior, y ahora sus ojos ardían con una mezcla de traición y rabia. La imagen de Nyxara recostada en el hombro de Xyrrion, aunque inocente, se retorcía en su cabeza, distorsionada por las insinuaciones crueles de Zaelith.
De repente, Vaelior se sacudió bruscamente, apartándose del roce calculado de Zaelith como si su