Capítulo 36

El rugido del motor del coche de Nyxara resonaba en sus oídos mientras conducía a toda velocidad hacia el Hospital Central, sus manos aferrando el volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Las calles pasaban como un borrón, las luces de la ciudad difuminándose en su visión periférica. Su mente era un torbellino de miedo, furia y culpa. Xyrrion, su hermano, su ancla, el único que siempre había estado ahí para ella, estaba herido, quizás muriendo. Y ella no podía evitar pe
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