El día se fue rápidamente, sí darme la oportunidad de ver la hora, ya que había estado caminando sin rumbo alguno, permitiendo que mis pies me trasladaran a donde querían, mientras exploraba las calles que conocía a la perfección y sentía el viento frío envolverme como un murmullo de invierno. Hasta que finalmente, regresé a casa, no porque quería, ni porque lo necesitaba, sino porque no tenía otro lugar a donde podría ir. Cuándo logré acercarme a la entrada, logré verlo. Vaelior se encontraba allí, esperando, con su postura tensa, pero su expresión me resultó difícil de descifrar, porque no entendía si estaba nervioso, expectante, o si simplemente se encontraba atrapado en la incertidumbre de no saber cómo acercarse a mí después de todo lo que había sucedido. Pero finalmente logró hacerlo, sin decir alguna palabra y sin previo aviso, extendió entre sus manos un abrigo de lana gruesa y oscura, y lo puso sobre mis hombros con un cuidado absoluto que me hizo contener la respiración, p
Leer más