La puerta de la habitación se cerró tras Vaelior con un golpe seco, dejando a Nyxara sola, envuelta en un silencio que parecía gritar con el peso de lo que acababa de ocurrir. Su cuerpo temblaba, pero sus manos eran firmes mientras ajustaba su ropa, sus movimientos mecánicos, casi automáticos. En el espejo, su reflejo le devolvía una mirada fría, determinada. La lágrima que había rodado por su mejilla ya no estaba; en su lugar, había una resolución que ardía como una llama inextinguible. No iba