Dominic golpeaba el saco de boxeo con los puños, descargando toda su rabia y frustración con cada golpe. Sudaba profusamente, los músculos le ardían, pero no podía parar. Necesitaba desahogarse, calmar la tormenta que rugía dentro de él.
Odiaba que Romeo siguiera vivo. Odiaba que hubiera puesto las manos sobre Rosa y hubiera marcado su delicada piel. Odiaba que Rosa fuera tan frágil, tan ingenua y vulnerable.
Finalmente dejó de golpear. Su pecho subía y bajaba con fuerza por el agotamiento. Sal