Rosa miró horrorizada a los dos hombres, con la voz temblorosa por el miedo.
—¿Qué estáis haciendo los dos? —preguntó, con los ojos muy abiertos mientras observaba cómo se apuntaban mutuamente con las pistolas.
Pero ni Dominic ni Gabriel le hicieron caso. Sus miradas seguían clavadas el uno en el otro, cargadas de una tensión mortal. Rosa sabía que tenía que intervenir antes de que la situación empeorara. Se acercó rápidamente a Dominic y le agarró la mano, intentando apartarlo.
—Lo siento, her