64: El precio de desaparecer.
Cuando salí del baño y me acerqué a la cocina, Emanuele me quedó mirando con la boca ligeramente abierta, como si acabara de ver a una persona distinta a la que había entrado minutos antes.
—¿Por qué lo cortaste? —me preguntó, su voz cargada de sorpresa.
Llevé una mano a mi cabello recién cortado, acariciando la textura distinta, y solo pude encogerme de hombros.
—Tengo que pasar desapercibida. ¿Tú crees que lo logre? —pregunté con nerviosismo.
Él asintió despacio, aunque la duda brilla