41: Enemigo en casa.
Al día siguiente todo empeoró. La casa estaba rodeada de muchos más hombres que la noche anterior, y todos parecían dispuestos a matar. No podía sentirme tranquila con esa vigilancia constante. Era como vivir en una cárcel sin barrotes, y lo peor era que en cada momento tenía la sensación de que alguien me observaba. Esa presión me estaba destrozando los nervios.
El jardín, que en algún momento se había vuelto mi lugar de calma, ahora estaba repleto de hombres armados hasta los dientes. Ya no