Respiré con frustración mientras repasaba una y otra vez los documentos sobre el escritorio. El cargamento perdido representaba una pérdida enorme, una herida profunda para el negocio. Lo peor no era el dinero, ni siquiera las armas desaparecidas, sino la incertidumbre de no tener al culpable entre mis manos. Porque si lo tuviera, le haría pagar cada segundo que siguiera respirando.
—Esto es muy malo —dijo Analía con un hilo de voz.
Levanté la mirada hacia ella y solté una risa corta, cargada