27: Lo prohibido sabe a pecado.
[Ginevra]
No sabía qué hacer ni a dónde ir. Muy en el fondo tenía la certeza de que Noah le había dicho toda la verdad a Valentino, y que ahora vendrían a buscarme... a buscarte, a torturarte. La idea me carcomía como ácido.
Me hice un ovillo sobre la cama, abrazándome las piernas contra el pecho, y empecé a llorar. Los nervios me estaban matando. El terror recorría mi cuerpo de una manera horrenda, helando mis venas, erizando cada centímetro de mi piel. Quería gritar, correr, desaparecer,