24: Su sangre en mis manos.
La velada se alargaba con una lentitud asfixiante. Voces graves se mezclaban en conversaciones sobre embarcaciones y mercancías que, sin lugar a dudas, tenían un trasfondo ilegal. Risas forzadas, copas que tintineaban y humo de habanos flotando en el aire. Todo parecía una mala película de mafia, salvo que esta era mi realidad. El padre y el abuelo de Valentino se habían alejado cada vez más de mí, como si mi sola presencia resultara ofensiva, como si yo fuese un bicho extraño, una enfermedad c