103: Aunque me cueste la vida.
El ambiente en aquel lugar se hacía cada vez más asfixiante. Era increíble cómo ese sitio tenía la habilidad de sacar lo peor de una. El aire olía a sudor, a perfume barato y a miedo. Todo era una mezcla que se pegaba a la piel y se metía en los pulmones, como si el mismo aire se negara a salir.
Sentí un mareo repentino y tuve que sostenerme de una silla. Las luces parpadeaban sobre nuestras cabezas, lanzando sombras que parecían reírse de nuestra miseria. Una de las chicas, de rostro dulce y m