104: Una nueva oportunidad.
El sonido de pasos me despertó. Eran firmes, pesados, como si cada uno marcara el compás de la pesadilla. Habíamos sido encerradas casi al amanecer, y si no estaba mal, apenas habíamos dormido un par de horas.
Respiré hondo, intentando aclarar la mente, pero un dolor agudo se clavó en mi costado y me arrancó un gemido. La respiración me ardía y sentía la frente caliente. Fiebre. No era para menos: el cuerpo me temblaba, y sabía que la infección avanzaba sin compasión.
—¿Estás bien? —preguntó la