La villa de las mentiras.
El jet aterriza finalmente en Francia y el estómago se me aprieta de inmediato.
Ahora sí todo parece real.
Dominic toma mi mano mientras descendemos. Caminamos por la pista privada y un hombre alto, vestido completamente de negro, se acerca rápidamente hacia nosotros.
—Señor.
Es tan serio como Patrick que no puedo evitar preguntarme si Dominic los entrena. ¿Habrá más hombres como ellos? ¿Existirá alguna escuela donde enseñen a no mirar a la cara y jamás sonreír?
Tantas preguntas absurdas... y n