Entramos a una lujosa sala y, aunque los nervios me tienen completamente tensa, me resulta imposible no fijarme en la belleza del lugar. La información que Dominic me da hace apenas unos minutos me cae como un balde de agua fría. Dije que lo ayudaría, pero ahora no estoy segura de querer enfrentarme a Noelia.
La sala parece sacada de otra época. Los muebles antiguos combinan perfectamente con el mármol brillante del suelo y las enormes cortinas color marfil que caen desde un techo altísimo. Sob