—¡Blanca! —Levanto la cabeza y veo a Teresa acercarse a mí, me paro de prisa y la recibo con un abrazo. Ver su rostro tan parecido al de Sebas me hace derramar una lágrima, me juré no llorar, pero Sebas es la excepción.
—Teresa... qué bueno tenerte aquí.
—Debía venir, quería estar presente cuando digan todos los años que le darán a esa asesina.
—Aún no puedo creer lo que está sucediendo, pero debo asumir que Mariona no es lo que creí.
—Así es, uno confía y te traiciona quien menos te lo espera.