Emma
Sonrío de nuevo como boba, mientras me encamino a la habitación donde duerme Oliver. Golpeo tres veces, pero nadie responde. Giro el picaporte y lo encuentro profundamente dormido, su cabello cae desordenado sobre la frente, y una de sus piernas sobresale de la sábana. Me río bajito al comprobar, que la cama matrimonial le queda justa con su pose de estrella.
Mis ojos recorren la habitación. Ha cambiado desde la primera vez que estuvimos aquí: ahora una de las paredes es roja, hay un estan