Emma
El roce de su mano recorriendo mi espalda desnuda me hace abrir un poco los ojos y sonreír. Parece mentira que esté despertando en la cama del que, hace solo dos semanas, era mi jefe.
Mis ojos se encuentran con el turquesa de los suyos. Tiene una leve sombra de barba en su cara y el cabello aún húmedo por la ducha. Me sonríe mientras sus dedos acarician mi mejilla.
— Buenos días, mi amor —se inclina para dejar un pequeño beso en mi boca.
— Buenos días —respondo, refregando mis ojos —. ¿Qué