Emma
— ¡Oliver, Emily! —grité por tercera vez—. ¡Pueden bajar de una vez por todas a desayunar!
Caminé hacia la cocina maldiciendo en voz baja. Mi estómago pesaba y mis pies estaban hinchados. Después de tener a Emily, decidí que no tendría más hijos. Al menos eso fue lo que dije durante sus primeros tres años de vida.
Pero parece que lo olvidé rápidamente, porque aquí me ven cinco años después, esperando a mi último hijo. Así que sí, iré directamente a la ligadura de trompas.
— Buenos días, he