Elena no pudo evitar reírse de sí misma. Había sido demasiado tonta.
¿Cómo iban a conmover aquellos pequeños cuidados a Adrián, el hombre que siempre tenía la última palabra en los negocios?
En realidad, había advertido su frialdad desde hacía mucho. Simplemente se negaba a aceptarla.
Había sentido lástima por Santina. ¿Acaso su propia situación era mejor?
Entre Adrián y Santina al menos había un sentimiento sincero. ¿Qué había tenido ella?
Solo indiferencia y miradas frías, una tras otra.
A vec