Todavía no había noticias. Los dos esperaban sentados junto a la ventana.
Jerrold bajó los ojos y vio la mordida en el brazo de Adrián.
Sonrió con malicia.
—¿Un trofeo?
Adrián siguió su mirada.
La marca empezaba a ponerse morada y tenía pequeños rastros de sangre.
Le dio un sorbo a su bebida y respondió con calma:
—¿Quieres que te deje uno igual?
Jerrold soltó una risita.
—No hace falta. Disfrútalo tú. ¿Cómo van las cosas entre ustedes?
La curiosidad se le notaba en la cara.
Adrián seguía miran