Entré a mi departamento y tras mandar los tacones debajo de la cama de una patada, me dejé caer sobre la cama.
Por instante los ojos me ardieron y sentí un nudo en la garganta, como si fuera a empezar a llorar, pero la verdad era que no tenía ningún motivo para hacerlo.
Estaba agotada, pero cada que cerraba los ojos no podía evitar imaginarme a Sofía recibiendo a Leo en pijama y escuchando con lágrimas resbalando por sus mejillas su versión sobre lo que había sucedido en la fiesta mientras sos