Capítulo 54: Un rostro amigable

Iris

Al ver que Mirta no se iría, comenzaron a movilizarse bruscamente, chocando constantemente con ella y pidiendo disculpas cada vez que lo hacían, dando la excusa del poco tiempo y el espacio reducido para seguirlo haciendo, siendo un poco más torpes en cada instancia.

Tras ser golpeada y humillada repetidamente, a Mirta no le quedó más que irse antes de perder los estribos, priorizando como siempre el mantener las apariencias.

—Lo siento cariño, —dijo apoyando sus manos en mis hombros—
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