Iris
Al ver que Mirta no se iría, comenzaron a movilizarse bruscamente, chocando constantemente con ella y pidiendo disculpas cada vez que lo hacían, dando la excusa del poco tiempo y el espacio reducido para seguirlo haciendo, siendo un poco más torpes en cada instancia.
Tras ser golpeada y humillada repetidamente, a Mirta no le quedó más que irse antes de perder los estribos, priorizando como siempre el mantener las apariencias.
—Lo siento cariño, —dijo apoyando sus manos en mis hombros—