El celular vibró sobre la mesa de noche, arrancando a Natan de un sueño ligero. Estiró la mano, todavía con los ojos entrecerrados, y deslizó el dedo por la pantalla.
“El dossier sobre Francine está listo. ¿A qué hora podemos encontrarnos?” —el mensaje del investigador parpadeaba en la pantalla, seco, sin saludos.
Natan se pasó la mano por el rostro, apartando el sopor de la madrugada. Se sentó en la cama, ya sintiendo el leve nudo en el estómago que cargaba esa frase. Tomó el celular otra vez