Dos días después, Francine y Malu embarcaron hacia São Paulo para una semana de compromisos que ya empezaba incluso antes de aterrizar.
El vuelo estaba lleno, lo suficientemente turbulento como para irritar a cualquier persona normal, pero Francine parecía especialmente tensa.
—La última vez que volé a São Paulo… —comentó, abrochándose el cinturón con fuerza exagerada— fue para ser secuestrada por Natan.
Malu hizo inmediatamente la señal de la cruz.
—Francine, por el amor de Dios, ¡no digas el