Malu se despertó con la luz suave entrando por las rendijas de la cortina del cuarto de la mansión. Por unos segundos, permaneció inmóvil, intentando ubicarse. El techo alto, la habitación amplia, el silencio diferente.
No era su apartamento.
Giró el rostro y se encontró con cajas apiladas cerca de la pared, algunas aún abiertas, con libros, ropa y pequeños objetos que habían pertenecido a una vida que ahora parecía lejana.
Eso dolió más de lo que esperaba.
Suspiró, se levantó despacio y fue a