Cassio llegó a casa cargando en el cuerpo el peso de una noche entera que parecía haber durado días.
Los hombros estaban tensos, la cabeza le latía, y el cansancio no venía solo de haber dormido mal, venía de la culpa, la preocupación y la irritación por haber sido arrastrado a otro caos provocado por Maya.
Apenas cerró la puerta del apartamento, dejó las llaves sobre el mueble y sacó el celular del bolsillo.
Abrió la conversación con Malu.
Sus dedos quedaron suspendidos sobre la pantalla unos