Malu llegó a la mansión de Francine y Dorian con una pequeña mochila en la espalda y la sensación de que su propio cuerpo pesaba una tonelada.
Cada paso por el camino de piedras hasta la puerta principal parecía exigir un esfuerzo desproporcionado, como si la gravedad hubiera aumentado solo para ella.
Su rostro estaba hinchado, los ojos ardían, y la garganta apretada dejaba claro que había contenido el llanto durante todo el trayecto.
Antes siquiera de tocar el timbre, la puerta se abrió.
Fran