El sonido de la llave girando en la cerradura hizo que Francine soltara el paño de cocina y saliera apresurada del área de la cocina.
—¡Llegó! —anunció, corriendo por el pasillo.
En cuanto Dorian entró, apenas tuvo tiempo de cerrar la puerta antes de que ella se lanzara a su cuello.
—¡Por fin! —exclamó, escondiendo el rostro en su cuello e inhalando profundo—. Las flores son hermosas, pero ninguna huele tan bien como tú.
Dorian sonrió de lado, la mirada suavizada.
—Y ninguna es tan hermosa como