Apenas se sentaron a la mesa, Cássio, siempre el más desinhibido, decidió romper el hielo.
—Antes que nada, Francine, quería decirte que soy tu fan.
Ella alzó una ceja, desconfiada.
—¿Mi fan? Ni tiempo me dio de volverme famosa.
—Ah, pero es fama de bastidores. —Apoyó el antebrazo sobre la mesa y señaló con el tenedor en su dirección—. Desde el baile de máscaras, Dorian ya no es el mismo. El hombre quedó… completamente domesticado.
Francine giró el rostro lentamente, una sonrisa traviesa aparec