La casa era un caos cuidadosamente organizado.
Luces montadas en la sala, cables por el suelo, un fotógrafo intentando encuadrar la escena perfecta mientras Francine cambiaba de posición por tercera vez, buscando una forma mínimamente cómoda de sostener su ya enorme barriga.
—Amor, si me caigo hacia atrás, me agarras —advirtió, sin ningún tipo de formalidad.
—Te agarro a ti, la barriga, el bebé y al fotógrafo si hace falta —respondió Dorian, acomodándose en el sofá.
Theo, con sus cuatro años r