El celular de Francine vibró sobre la mesa de noche, arrancándola de un sueño ligero.
Aún con los ojos entrecerrados, contestó casi en automático.
—Despierta, dormilona. ¡Voy para tu casa ahora mismo! —avisó Malu, con esa energía típica de quien ya había tomado café y esparcido confeti por el camino.
Francine parpadeó varias veces, intentando entender qué estaba pasando.
—¿Para acá? ¿Cómo que para acá?
—¿Cómo que cómo? Tú me invitaste. Hasta me mandaste la dirección nueva, estoy segura de que n