El silencio en ese momento se volvió aún más denso, como si toda la sala hubiera dejado de respirar. Dorian continuó, sin perder el tono cortante:
— Espero que esto te sirva para cambiar de enfoque. Tal vez, si empiezas otra empresa desde cero, no tengas tiempo para acosar a nadie más. Ahora retírate de esta sala. Ya no formas parte de este consejo. Y si no sales por tu propia voluntad, llamaré a seguridad para que te saquen.
Poco a poco, Natan bajó la voz, jadeante, sintiendo el peso de las palabras ajenas aplastar la vanidad que lo sostenía. Se levantó con un gesto brusco y empezó a recoger documentos, dispositivos y papeles esparcidos, con movimientos entrecortados, indignados.
Antes de cruzar la sala, lanzó una última mirada que parecía más una amenaza que una despedida:
— Se van a arrepentir de esto. Voy a demandarlos, voy a exponerlos, voy a… — las palabras se volvieron humo. Ninguna encontraba ya el camino donde antes había apoyo.
Empujó la silla y salió con pasos igualmente br