Mientras Lohan guardaba los últimos equipos, Francine se dirigió a la recepción del estudio para pagar el alquiler del espacio.
Al abrir la aplicación del banco y revisar el saldo, la realidad la golpeó como un escalofrío: el dinero era poco y cada centavo debía contarse con cuidado.
Aun así, respiró hondo.
Nada de eso era un gasto innecesario; cada peso invertido en ese ensayo era un paso más hacia su sueño.
Con cuidado, realizó el pago del estudio, sintiendo una mezcla de alivio y orgullo.
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