El sol de París aún no se había ocultado por completo cuando Lohan estacionó frente a la casa de Adele para recoger a Francine.
Ella apareció en la puerta con una sonrisa leve y nerviosa, sujetando la correa del bolso como si fuera un escudo.
—Buenas noches, señorita Francine —dijo Lohan, abriendo la puerta del coche—. ¿Lista para conquistar el A7?
Ella soltó una risita mientras se acomodaba en el asiento a su lado:
—¿Conquistar? Creo que solo estoy intentando no tropezarme con mis propias pier