—¡Mi noviaaaa! —cantó Malu, abrazando a Francine con la fuerza de alguien que había bebido más champán del que planeaba—. Estabas perfecta. Per-fec-ta. Estoy tan orgullosa que no sé cómo mi corazón no explotó.
Francine rió y la sostuvo por los hombros, por precaución.
Cassio se acercó un paso detrás, con la mano ya posicionada casi por reflejo en la parte baja de su espalda, listo para evitar cualquier tropiezo inminente.
—Está bien —le aseguró a Francine, en un tono que mezclaba paciencia, car