Mundo ficciónIniciar sesiónLos días siguientes se transformaron en una rutina casi sagrada.
Francine despertaba junto con el sol, bajaba a desayunar, corría a la cafetería, saludaba a todos los compañeros y clientes, y su francés mejoraba a pasos agigantados.
Ya no necesitaba depender del inglés para confirmar los pedidos.







