El murmullo se apoderó del salón en cuanto terminó la subasta.
Los invitados cuchicheaban entre sí, algunos impresionados por la audacia de Dorian, otros calculando mentalmente cuánto tiempo tardarían en reunir una cantidad siquiera cercana a la que él acababa de ofrecer.
El nombre Villeneuve circulaba en susurros, acompañado de miradas curiosas y hasta algún que otro gesto de respeto disimulado.
Indiferente a la conmoción que había causado, Dorian llevó la copa de espumante a los labios, dio u