Otros tres invitados siguieron la oferta de Cassio, las cifras subiendo con rapidez, mientras el subastador marcaba el ritmo con voz firme.
Sin embargo, con cada nueva oferta, Cassio no apartaba la mirada de Malu.
La sonrisa insinuante, casi imperceptible, parecía diseñada para desconcertarla… y lo lograba.
Su corazón se aceleraba, y una pregunta martillaba en su mente:
“¿Qué está haciendo este hombre?”
Dorian, por su parte, no se movió. Observaba en silencio, con la mirada fija en Cassio, analizando cada gesto.
Sabía que aquello no se trataba solo del anillo. Había una intención oculta allí, y necesitaba entenderla.
Uno a uno, los demás participantes fueron desistiendo, dejando la puja reducida a un solo nombre. Con la calma de quien ya conocía el resultado, Cassio levantó la paleta por última vez.
— A la una, a las dos… ¡vendido! — anunció el subastador, golpeando el martillo.
El salón aplaudió con discreción, pero Malu apenas registró el sonido.
Sus ojos estaban fijos en el hombre