Cassio solo respondió con una sonrisa provocadora, acomodándose el saco e inclinándose en la silla, como si se sintiera completamente cómodo con la advertencia silenciosa.
Malu, por su parte, apretaba la copa entre los dedos, nerviosa.
El perfume sofisticado a su derecha y la presencia imponente a su izquierda casi la dejaban sin aire.
El salón, iluminado por candelabros de cristal, comenzaba a aquietarse cuando el subastador subió al pequeño estrado, abriendo el catálogo en sus manos. Aun así,