Capítulo 41. Víboras y Planes Fracasados.
El auricular vibraba con la respiración entrecortada de Victoria. En la soledad de su habitación, con las luces bajas tratando de calmar sus nervios, la mujer golpeaba rítmicamente la cama con sus uñas perfectamente manicuradas.
—Se frustró, Isabella. Todo se fue al traste —siseó Victoria, con una voz que era un hilo de puro veneno.
Al otro lado de la línea, hubo un silencio de piedra antes de que la voz de Isabella, gélida y analítica, respondiera:
—¿Cómo es posible? Te di las instrucciones e