98• Nora… viniste.

Edgar me había llamado temprano, con esa urgencia en la voz que hacía que mi pecho se apretara incluso antes de que pudiera entender qué estaba pasando. Su tono no dejaba espacio a interpretaciones: algo no estaba bien. Richard ya se había marchado cuando recibí la llamada, así que me obligué a incorporarme, todavía con el cuerpo pesado por el sueño y la mente tratando de moverse más rápido de lo que podía.

Fui al baño casi en automático. Encendí la ducha y dejé que el vapor llenara el espacio
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