97• Hagamos la fiesta.
El sol apenas había salido cuando dejamos el hospital, pero la luz tenía un tono extraño, casi distante. No era la claridad que anuncia un comienzo, sino esa que se posa sobre las cosas sin tocarlas realmente. Fría, honesta, incómoda. Como si solo estuviera ahí para revelar lo que preferirías no ver.
Richard conducía despacio, con ambas manos firmes en el volante, los ojos fijos en la carretera. No había prisa en sus movimientos, ni urgencia. Más bien parecía que estaba midiendo el tiempo entre