81• Un viejo amigo.
Lana se había encargado de enviar todas las invitaciones para la fiesta de la pequeña, la cual se celebraría en una semana. Había supervisado cada detalle con su energía arrolladora: las tarjetas doradas, los sobres sellados con lacre, las letras en relieve que parecían sacadas de un cuento. Todo estaba perfectamente organizado.
Pero mi preocupación no iba en esa dirección.
Había algo más, algo que llevaba días instalado en mi pecho como un peso frío y persistente. Desde aquella noche, Richard