Pero mientras caminábamos, con su brazo rozando el mío accidentalmente, no pude negar que una sensación cálida me recorrió de pies a cabeza. Cada sonrisa suya, cada gesto de cuidado, cada momento en que había estado ahí para mí, cobraba un peso diferente. Me estaba enamorando, y lo peor era que me daba miedo admitirlo… incluso ante mí misma.
Tras llegar a su auto, Richard me abrió la puerta, y yo seguí fingiendo que todo estaba bien. Que no había descubierto algo dentro de mí que me tenía muert