47• Esa es mi chica.
El camino transcurrió con solo el murmullo del motor llenando el espacio entre nosotros. El aire fresco se colaba por la ventana, refrescando mi rostro y ayudándome a despejar la cabeza del torbellino de pensamientos que no dejaba de girar. Lo agradecí; necesitaba algo que me hiciera sentir presente, que apagara por un momento la tensión que todavía me recorría.
Cuando llegamos frente a mi casa, sentí el cuerpo aflojarse de alivio. Pero el momento duró poco. Dos autos se detuvieron justo a los