Me recosté en la camilla, todavía con el corazón acelerado, y sentí la cercanía de Richard a mi lado. Su mano rozó la mía y, sin que dijera nada, su presencia me dio un extraño alivio, aunque también me hizo sentir más vulnerable de lo que esperaba. Me quedé un momento en silencio, respirando hondo, tratando de ordenar los pensamientos que no dejaban de dar vueltas en mi cabeza.
Cuando pensé en cómo sería esto, nunca imaginé que sería así. Creía que Rupert estaría aquí conmigo, tranquilo, dándo