La fiesta se llevaba a cabo en una lujosa mansión en las afueras de San Petersburgo. Desde la entrada, podía percibirse la exclusividad del evento. Autos de lujo, invitados con trajes de diseñador y un aire de misterio flotando entre todos por las máscaras que cubren sus rostros.
—¿Todos son mafiosos? —interrogó antes de que nos abran la puerta del auto.
—Empresarios la gran mayoría —dijo—. Tengo negocios limpios y aunque no soy popular, pero si un millonario más de Rusia —añadió, caminé co